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El desafío de comprender... a los niños

por: Lic. Silvina Ferreyra - Coordinadora del Taller Creativo

En numerosos slogans, campañas políticas o solidarias, en frases que escuchamos a diario aparecen los “niños” como aquellos seres merecedores de todo nuestra protección, nuestro amparo, nuestra dedicación.
Esta prioridad es indiscutible y todos coincidimos en la importancia de ocuparnos de ‘ellos’, pero como en casi todas las grandes ideas... “del dicho al hecho hay un gran trecho”...
¿Cómo podemos hacer realidad, en pequeñas acciones, ese enorme y por momentos inabordable “trecho” de ocuparnos realmente de los niños?.
Podríamos comenzar por: ‘comprender’, una tarea esencial, pero ¿cuál es el instrumento que nos permite hacerlo realmente?.
Lo primero, como dicen los expertos, es partir de comprendernos a nosotros mismos para luego pensar que podemos aproximarnos a la necesidad de algún otro.
Los invito a tomar una punta de este gran tema y detenernos en el lenguaje. ¿Por qué en él?, sencillamente porque ‘somos’ en la medida que alguien hable de nosotros y con nosotros.
Desde que nacemos alguien nos pone un nombre, nos asigna un parecido, dice de las expectativas que tienen para nuestras vidas. Estas acciones inician nuestras vidas en comunidad, nos abre un lugar en la familia donde venimos, en la sociedad donde vamos a habitar.
Acá es donde los adultos tenemos un enorme compromiso en nuestro decir, que parte de nosotros mismos para llegar genuinamente a la pretensión de nombrar, comprender y amparar a nuestros niños.
Por este motivo tan esencial a los vínculos humanos se torna tan importante conocer qué nos dicen las palabras, los gestos, las actitudes, las historias, las necesidades por más lejanas que parezcan a nuestras creencias, realidades o conocimientos; y qué decimos nosotros con ellas, ¿hasta donde llegamos con nuestro decir?.
Desarrollar el lenguaje, no es solo una necesidad de los niños en su tarea escolar, también es la nuestra, es el instrumento que aumenta nuestra capacidad de comprensión para poder relacionarnos con nosotros mismos y con los otros.
Escuchar, hablar, leer, observar son acciones que enriquecen nuestra capacidad de “lenguajear”(1)  y con ella de emocionarnos, relacionarnos, conectarnos, pensar, desarrollarnos y favorecer el desarrollo de quienes tenemos a cargo.
Por todo esto ‘conversar’ no es una experiencia vacía, o intrascendente y menos aún para los niños que están construyendo su mundo de ideas y de nociones, la capacidad para escuchar y para decir, fundamentalmente están iniciando el conocimiento de sí mismos.
A veces estamos muy preocupados, como hemos dicho otras veces, por si los chicos hacen las tareas, leen, escriben, qué colegio elegimos para ellos, si aprenden idiomas y cuántos, si han logrado habilidades para utilizar los programas más avanzados de la computadora.
Ahora, ¿Nos detenemos a observar cuánto y cómo hablamos, conversamos, decimos, escuchamos?...
             ¿Podemos identificar cuánto y cómo nuestros niños pueden decir acerca de lo que piensan, sienten, conocen, necesitan?
                                                       ... de esto también se trata aprender.

(1) Concepto desarrollado por Humberto Matturana

Arte: Ana Gentile  www.asistenciafamiliar.com.ar

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