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Adolescencia, Familia y la encrucijada de las Adicciones

por: Lic. Pablo Costamagna

¿A qué me refiero con encrucijada?

La palabra encrucijada tiene varios significados.  Para el diccionario de la lengua española Espasa 2005, significa: *Lugar por donde se cruzan dos o más caminos.* Panorama de dos o más opciones donde no se sabe cuál elegir (ej. estar en la encrucijada de una carrera). *Punto en el que confluyen varias cosas (encrucijadas de culturas).*Trampa o celda que se construye para hacer daño (no caí en tu encrucijada). A lo largo de este artículo el lector podrá identificar lo expuesto con una u otra de estas acepciones y entender un poco más esta compleja etapa de desarrollo como así también este complejo  multicausal mundo de las adicciones.

La Adolescencia es un momento muy especial, un momento de crecimiento y profundo cambio emocional y social. No solo para el adolescente que lo transita, sino también para toda la familia. Dicho sistema familiar, atraviesa numerosas situaciones de encrucijadas, que,  de acuerdo a como se las transite y el camino que se tome, podrá favorecer o dificultar el proceso de cambio y maduración. Dicho de otro modo, se establecerán los factores de riesgo o de protección en relación al consumo de sustancias, es decir los factores que favorecen la aparición del abuso o dependencia y los factores que disminuyen dicha probabilidad.

Dichas encrucijadas, presentan para el adolescente, diversas experiencias y caminos a recorrer, necesarios para descubrir  quién es él y quién no es, que necesita y hacia dónde va, así, de esta forma, se acentúan paulatinamente preguntas existenciales sobre el sentido de su vida, preguntas que buscan esclarecer cuál es su guion vital.

En estos caminos, se atraviesan obstáculos, dificultades, sabores y sinsabores que incluso pueden llevarlos a quedar atascados o empantanados en ellos. Todas ellas, experiencias necesarias, que le permiten y lo definen como un ser vivo en constante evolución, aprendizaje y adaptación. Citaré alguna encrucijada característica de este período, que quizás puedan ayudarnos a entender un poco más dichos factores de riesgo y de protección. La mayoría de los autores que han escrito acerca de la drogadicción y sus causas (Berjano y Musitu, 1987; García, 1991; Kumpfer y Turner, 1991; Newcomb y Félix-Ortiz, 1992) coinciden al pensar, que no existe un único motivo que pueda considerarse responsable de la adicción a las drogas de abuso, sino que es la suma o interacción de diversos factores lo que puede determinar la incidencia y prevalencia de la adicción a una droga. Estos autores señalan que las conductas humanas son, como la misma naturaleza, algo que está en continuo cambio y sujeto a múltiples influjos. El uso de drogas sería, por lo tanto,  "el resultado de toda una constelación de elementos, algunos de los cuales son incluso imprevisibles, y que gravitan sobre un sujeto o grupo de individuos en un momento de su historia personal o social". Las llamadas Teorías Biopsicosociales (García, 1990; Farrell y Strang, 1991; Lawson, 1992) surgen con el fin de defender esta concepción compleja del consumo  de drogas. Para estas teorías deberán ser tomados en consideración tanto los aspectos físicos, biológicos y psicológicos, como los familiares, sociales, etnoculturales, económicos y políticos. Por lo tanto, si se pretende comprender el complejo mecanismo  del fenómeno de las drogodependencias, es necesario incluir dentro de este proceso las características personales del consumidor y las múltiples características socio ambientales que le rodean.

En este artículo, esta multicausalidad de factores, la planteo como situaciones o vivencias que el individuo puede experimentar a lo largo del camino de desarrollo y crecimiento, y que pueden constituirse en serios factores de riesgo de consumo. Dichas experiencias pueden presentarse como encrucijadas o pares antitéticos, que a su vez  pueden entrelazarse e influirse mutuamente. Hay consenso en destacar que cuantos más factores de riesgo o de protección convergen en una familia o individuo más probabilidades de desarrollar o no, un problema en relación a los distintos tipos de adicciones (juego, comida, sustancias, internet).

Comenzare refiriendo al concepto de  apego, el cual, se considera actualmente como uno de los mayores factores de riesgo y/o protección para el consumo de sustancias en la adolescencia.  Si bien el apego se ha revelado factor de riesgo de diversos problemas de salud mental, parece tener un rol marcado en el desarrollo de un uso o abuso de sustancias.

El apego es la tendencia de los individuos a establecer lazos emocionales íntimos como un componente básico de la naturaleza humana. El primer lazo que establecemos es el vínculo con los padres, el niño busca protección, consuelo y apoyo. En la adolescencia y la vida adulta estos lazos persisten pero son completados con nuevos vínculos. Esta capacidad de establecer lazos es considerada como un rasgo importante del funcionamiento efectivo de la personalidad y la salud mental. El apego es la búsqueda de cuidados de un individuo más débil y menos experimentado, hacia alguien que se considera más fuerte y más sabio. Es el acto de proporcionar cuidados.

Las pautas de apego son modelos operantes que un niño construye de su madre y de los modos que ella se comunica y se comporta con él, de su padre. Las pautas de apego que un individuo desarrolla durante los años de inmadurez (primera infancia, niñez y adolescencia) están profundamente influida por el modo en que los padres lo tratan, sobre todo el de la madre. La base de un hogar seguro es la base de la salud mental. Se sostiene que el modelo que se concibe en la infancia se sostendrá toda la vida (Bowlby), las pautas pueden persistir, pero si los padres cambian su trato, la pauta puede modificarse.

Comenzaré describiendo estas encrucijadas por la que se transita desde temprana edad y en la adolescencia

Apego Seguro Vs Apego Inseguro.

La función del apego es la búsqueda de protección y seguridad. Cuando el niño es registrado, en sus necesidades y temores, y los padres se muestran accesibles a él, se establece la base del apego seguro, el cual le permite al niño la exploración, y a enfrentar sin grandes dificultades situaciones atemorizantes. Los resultados indican, en primer lugar, que el apego seguro o un mayor apego entre padres e hijos actúa como factor de protección frente al consumo de drogas. En segundo lugar, la mayor parte de los estudios revisados incluyen además otros factores que pueden estar condicionando la influencia del apego a los padres en el consumo de drogas. Entre estos factores destacarían las características individuales (como el sexo, la edad o la autoestima de los individuos), y la influencia de otras fuentes de apego, como los iguales y sus circunstancias, como por ejemplo el consumo de drogas por parte de éstos.

Los estudios analizados son heterogéneos en cuanto a características de la muestra que a veces incluso no se especifican (edad, tipo de droga consumida, gravedad de la adicción) y al uso de instrumentos que clasifican de modo diferente las categorías de apego. No obstante, el apego seguro es similar en todos los instrumentos y no parece explicar los TCD (Trastornos por consumo de Drogas).

El apego inseguro,  como opuesto al anterior, refiere a que los padres no se encontraron disponibles ante las necesidades de sus hijos, sus temores, y fueron invalidados en sus emociones (no llores, no te enojes, o diversos juicios como, está mal sentir excitación, no tengas miedo, no pasa nada). Parece plausible que el apego inseguro, en general desarrollado en la infancia, es un factor de riesgo de trastornos por consumo de drogas. Pero algunos autores dentro del apego inseguro caracterizan diversos tipos:

Apego Ansioso Resistente. En el mismo el individuo está inseguro de si su progenitor será accesible o sensible o si lo ayudará cuando lo necesite. A causa de esta incertidumbre, siempre tendrá la tendencia a la separación ansiosa, es propenso al aferramiento y se muestra ansioso ante la exploración del mundo. También hay pocos datos que apoyen una relación entre apego preocupado o ansioso y TCD.

Apego Ansioso Evasivo. En el mismo, el individuo no confía en que cuando busque cuidados recibirá una respuesta servicial sino que, por el contrario, espera ser desairado. Cuando esto es notorio ese individuo intenta vivir su propia vida sin el amor y el apoyo de otras personas, intenta volverse emocionalmente autosuficiente y con posterioridad puede ser diagnosticada como narcisista o poseedor de un falso sí-mismo (Winnicott). Algunos estudios apuntan a la existencia de patrones devaluadores o descalificadores de apego, la mayoría de trabajos encuentran apegos evasivos o temerosos. En la práctica clínica puede observarse como el niño o el adolescente no es individualizado, registrado como un ser único con características propias, y que cuando trata de mostrarse o tomar posiciones u opiniones diferentes a la de sus padres es descalificado, no solo en su pensamientos sino también en sus acciones, recuerdo algunos ejemplos de un padre que le decía que, como y de qué manera y en que tiempo pintar una puerta. Vivencialmente sentía mucho enojo, frustración e impotencia, ya que para conformar al padre tenía que anular sus características, su forma de hacer el trabajo, quedando con la sensación interna, de que hiciera lo que hiciera nada alcanzaba, ni conformaba. Por ello la terapéutica consiste en la búsqueda del reconocimiento y del respeto por lo diferente. Esos mandatos que, a veces, explícitos o implícitos se refieren a: “sino haces las cosas como yo digo no te quiero más, te ignoro o te vas de casa, o juicios descalificadores como sos un vago, no servís para nada etc. etc. “Aquí es donde se acentúa lo que se denomina invalidación emocional, agregando frases como no seas tonto, todo lo que te digo, lo digo por tu bien, yo tengo más experiencia que vos, está mal lo que sentís”, etc. De esta forma se empiezan a plasmar y se acentúa el desconocimiento y  respeto por el otro como diferente a mí, se acentúa ese vacío existencial, esa frustración, esos enojos,  esa baja autoestima, esa experiencia de que estoy equivocado en lo que siento: esa persona en quien yo confío y que me protege tiene razón y no yo. Descalificaciones que tienen profundo impacto en el desarrollo de la personalidad. En definitiva se acentúa un malestar que muchas veces al no saber resolver o canalizar, termina en el consumo de sustancias u otros tipos de  dependencias.

A mi entender habría una relación directa  entre el grado de invalidación emocional y la frecuencia o gravedad en el consumo de sustancias. Claro que intervienen otros factores, pero la invalidación tendría un rol protagónico, lo que requeriría una mayor investigación y desarrollo al respecto.

Rebeldía Vs Sometimiento: La adolescencia es conocida popularmente como la etapa de la rebeldía. Rebeldía a normas sociales y familiares, a todo lo impuesto por el mundo de los adultos, (como el sistema económico globalizado, al que se tiende a denominar como “normal”) y que el adolescente comienza a vislumbrar, entender y cuestionar. Una rebeldía que le permite de a poco revelarse, descubrir quién es él, cuál es su límite, que es y que no es, esa diferenciación tan necesaria y saludable para formar su propio yo, su autoestima y por sobre todo construir ese sentimiento de seguridad tan necesario para enfrentar la vida, resolver su problemas inherentes e interactuar con un mundo cada vez más complejo y difícil. Es un momento de profundo cambio, que  experimenta  en el cuerpo, en sus ¡hormonas!, en la camaradería, en la necesidad de búsqueda de apoyo y pertenencia a grupos, en esa búsqueda de nuevas distancias en relación a la familia, que a veces es vivida como una lucha interna entre el deseo de alejamiento y por otro lado,  esa necesidad de volver a abastecerse de seguridad, afecto y contención, que la misma le otorga. El lado negativo de revelarse es quedar anclados en la vereda de enfrente, en lo opuesto a lo que considero que son mis padres o sociedad. Este lugar también niega directa o indirectamente las propias preferencias gustos o intereses. Un ejemplo ilustrativo sería comer manzanas ya que a mis padres les gustan las bananas, no teniendo en cuenta de que quizás lo que verdaderamente me guste sean las peras.  

Por otro lado la opción de sometimiento, es de alguna forma negar al otro o negar quien soy, adaptarme a otro u otros sin tener en cuenta  básicamente la vida propia, una forma que tiene sus consecuencias como malestar, baja autoestima, frustración, un sentimiento de sin sentido de la vida, depresión que puede llevar a diversos tipos de consumo.

Dependencia Vs Independencia: En el proceso de despegue de los padres en esta etapa de la adolescencia, comienza a aparecer en escena, esa tan deseada independencia, pero a la vez tan temida. Ese paso tan crucial de la dependencia a la independencia, no solo económica, sino también afectiva, (poco tenido en cuenta por los sistemas educativos y familiares). Con el término independencia afectiva me refiero  por un lado, principalmente, al contacto con sus emociones, al poder discernirlas, expresarlas y ponerlas en sintonía o coherencia con sus actos y acciones, claro está, dentro de un marco de respeto por sí mismo y por los demás. Por otro, al proceso paulatino de guiar sus acciones y comportamientos por la búsqueda de satisfacción de sus necesidades internas, como así también, saber tolerar la espera. No siempre la satisfacción es inmediata como cuando hacemos un clic en la computadora y ya estamos donde queremos u obtenemos una inmediata respuesta, o el valor cultural, de la velocidad, de todo rápido, todo apurado, que tiñe con sus clichés típicos nuestras formas incluso de relacionarnos, (como el “hola, como andas, todo bien, todo bien, nos vemos”), clichés que solo producen desencuentros y evitación de contacto con uno mismo y con los demás.

Claro está que este proceso de crecimiento emocional, necesita de la ayuda del aprendizaje de ciertos valores o ingredientes fundamentales como: respeto, valoración y reconocer las diferencias, validación emocional, (reconocer, respetar  el sentir de los hijos, sobre todo cuando es diferente a la de sus padres ),  esto constituye en el tratamiento un proceso de aprendizaje paulatino y sistemático con la que nos encontramos muchas veces en el campo de la clínica, y especialmente en el de las adicciones.

Este paso de la dependencia a la independencia es fenómeno es un poco más complejo que la independencia económica.

Esa validación (reconocimiento de las emociones de sus hijos, valoración y respeto) es un punto clave de entender y comprender por parte de los padres para un crecimiento sano y recuperar la salud.

¿Por qué es tan importante la validación por parte de los padres?

La validación por parte de los padres, es un acto de amor, es la expresión de que te reconozco como un ser individual, que te acepto a pesar de que quizás no te entienda, es el punto de partida de la sensación, por parte de los hijos, de ser queridos por lo que son, de ser únicos, reconocidos, respetados, es el punto de partida para una autoestima sana.

¿Por qué es tan importante la validación emocional para nuestros hijos?

Reconocer, tomar contacto con nuestras emociones, poder expresarlas, es darnos cuenta que todas las emociones tienen un sentido evolutivo y de supervivencia, es el GPS, o la brújula de nuestro comportamiento. Ellas tienen una finalidad, un para qué. Nombraré alguna de las emociones como ejemplo a modo ilustrativo:

  • El enojo, nos convoca a poner límites cuando algo nos desagrada, o nos sentimos invadidos en nuestro territorio personal. Nos posibilita el decir no quiero, esto no me gusta, me hace mal, hasta acá llegas.

  • La tristeza, hace referencia o señaliza que perdimos o estamos perdiendo algo valorado por nosotros, puede ser un amor, un familiar, un amigo o algo simbólico como un valor, (creencias, actitudes o costumbres que ya no me sirven o han quedado obsoletas).

  • La alegría obviamente nos señaliza e indica la necesidad de seguir repitiendo el comportamiento que nos provoca dicha alegría, es decir, hacer más de lo mismo, esa actitud que puede reconfortar, llenar y darle un sentido a nuestras vidas.

No es la intención de hacer un compendio de los significados de todas las emociones, ya que excedería el propósito de este artículo, pero sí transmitir la idea de que, respetar nuestras emociones, como la de nuestros hijos, puede ayudar y mucho, a estar en nuestro presente, en nuestro aquí y ahora, en ese fluir de las diversas situaciones cotidianas a que nos enfrentamos, no ya día a día, sino momento a momento. Como ya se expresara desde hace siglos y más recientemente desde el campo de la psicología como la Gestalt y las Neurociencias, las emociones (conscientes o inconscientes, en el sentido de que no nos damos cuenta de ellas), nos organizan el comportamiento, le dan una dirección y un significado a lo que hacemos. Por ello la validación es clave para mantener esos finos y delicados mecanismos de autorregulación organísmica. Cuando esto falla, es como el barco que queda sin timón, expuestos a los vaivenes, a peligros de quedar encallado, a ser arrastrado por los vientos en cualquier  dirección, a la deriva. Es muy frecuente encontrar este tipo de dificultades en las familias donde uno de los integrantes tiene un problema de adicción.  En otras palabras, cuando esta validación falla, puede suceder que  el adolescente aprenda a no confiar en el mismo, en sus emociones, y es ahí donde se rompe ese fino mecanismo de regulación, que nos indica  el camino,  que nos marca que necesitamos momento a momento, que nos señaliza cuando estamos en peligro, en riesgo, o que por otro lado también nos indique el rumbo de nuestras vidas, nuestros verdaderos intereses, inquietudes y deseos, enmarcados luego en lo que puede ser un proyecto de vida. No es casual que en las personas que desarrollan problemas de abuso o adicción suelan tener dificultades serias dificultades al respecto. Se pierde ese contacto, ese darse cuenta.

Como suele suceder en casi todas las patologías,  es necesario hablar de un espectro de validación, (de diferentes grados de reconocimiento, valoración y aceptación emocional por parte de los padres). La invalidación, (no valorar, reconocer o descalificar las emociones) parece tener una relación directa con diferentes cuadros psicopatológicos. Estos pueden ir desde una simple neurosis, trastorno de personalidad y dentro de ellas las adicciones, a un cuadro psiquiátrico grave como la esquizofrenia. En todas ellas,  podemos reconocer este componente como un ingrediente clave y recurrente, que, junto a otras variables como la genética, social, condiciones ambientales y familiares puede intervenir y de hecho interviene en la aparición de la enfermedad.

Por lo referido, trabajar con los padres la validación, puede constituir no solo un camino hacia la recuperación de la salud, sino también un factor de prevención, no solo de las conductas adictivas, sino también un factor de protección de la salud, bienestar  y felicidad en general.

Ahora, ¿Cómo acompañar al Adolescente en esa encrucijada, ese turbulento camino de dependencia a la independencia?

Hoy por hoy, es de suma importancia la necesidad imperiosa de crear espacios de compartir entre padres e hijos, constituye un factor de protección por excelencia. Claro está, que no siempre es tan fácil hacerlo, pueden devenir un sin número de obstáculos más al respecto, citare  alguno de ellos más comunes:

Dificultades en la comunicación dentro de la familia,  la adaptación de todos los integrantes de la familia a esta etapa, con sus reajustes, problemas y necesidades específicas. Los cambios en los roles, el niño ya no es un niño, y los padres  necesitan hacer ese cambio, esa maduración, ese reajuste interno que valide a este hijo en esta nueva etapa, que pueda conocer y aceptar a sus emociones,  intereses, inquietudes y contradicciones. Esto implica actualizar la imagen interna que tenemos de ellos. Subjetivarlos, significa, reconocerlos como alguien diferente  de las necesidades de sus progenitores, con pensamientos, emociones y formas de actuar diferentes. Ahora bien, en la práctica, para poder trabajar sobre el tema de la validación con los hijos, es necesario que los padres puedan revisar cómo fueron validados ellos mismos, por los propios padres o tutores. Como fueros ellos mismos subjetivados, reconocidos en su individualidad, cuanto, como o de qué manera fueron respetados, validados en sus propias emociones, (enojo, ira, tristeza, alegrías, inquietud, angustias, en sus necesidades sexuales, etc.). Cuando hubo dificultades al respecto, suele convertirse en un punto ciego para los padres, un sesgo perceptivo, que no permite rever, hábitos , costumbres y creencias que puedan estar operando de una generación a otra, como piloto automático, lejos, claro está, de las costumbres y forma de relacionarse que promuevan la salud y el bienestar.

Encuentro Vs Desencuentro: Vivimos en una cultura capitalista de consumo y trabajo que tiende, cada vez más, a fagocitar los momentos de esparcimiento, los momentos de encuentros y compartir entre padres e hijos, el compartir vivencias cotidianas desde las más simples a las más complejas, ese compartir que permite a los padres regular actitudes, corregir situaciones de riesgo, anticipar problemas y calibrar formas de resolverlos. En fin, poder decirles que no cuando es debido, pero también poderles decir que sí. Es tiempo de detenerse, de prestar atención a nuestros hijos, a sus actitudes, creencias, forma de ver el mundo, valores actuales, ese compartir que permite leer la letra chica del contrato, ayudarlos a entender, analizar con ellos situaciones cotidianas,  como así también poder transmitir como padres valores como el respeto por sí mismo y por los demás, ese valor que sólo puede transmitirse en principio, desde la empatía de los padres hacia los hijos, esa empatía tan necesaria para crecer emocional y socialmente.

Hoy se habla no tanto de cantidad de tiempo a compartir, sino de calidad. Esa calidad de tiempo necesario para acompañar a nuestros hijos, implica no solo la creación de un espacio y un tiempo, sino también el desarrollo de una habilidad de mirar en dos direcciones ( Mirada Bidireccional),  una hacia nuestros hijos, y otra hacia nuestro interior, esa mirada que nos permita saber que, como padres, venimos de una historia, que vivimos como natural, incuestionable, y que en el fondo creemos y vivimos como normal. Esa mirada que nos permita la Duda, el replantearnos las cosas que sobre todo no andan bien, esa duda que a forma de preguntas, puede empezar a ayudarnos a cuestionar esos hábitos nocivos, ejemplo: ¿Quiero seguir con esta falta de diálogo con mi hijo al igual que lo tuve con mi padre? ¿Me sentí reconocido por mi padre? Y por ende, ¿cuánto reconozco y valoro a mi hijo? ¿Cuánto tiempo compartí con mis padres y cuánto comparto con mis hijos? Los obstáculos que impiden el encuentro y acercamiento con nuestros hijos, muchas veces, se encuentran en viejos hábitos generacionales. Hoy día se concibe a las adicciones como un problema de tres generaciones (Trigeneracional) como mínimo, de hábitos poco saludables que se transmiten de una generación a otra, sin conciencia, sin filtros. Permitirse la duda es permitirse elegir nuevos caminos, es permitirse seleccionar con que parte de la historia  me quedo y de cual necesito  deshacerme.

La etapa adolescente, es una etapa de posible crecimiento tanto para los hijos como para los padres, si tenemos esa doble mirada, que nos permita reconocer y reconocernos como personas individuales diferentes, en el aquí y ahora, padre, madre, hijo, con deseos y necesidades diferentes, con roles y funciones diferentes. En este sentido, es un tema que se trabaja y mucho en la temática de las adicciones.

El paso de la dependencia a la independencia es un punto crucial,  la cuestión económica, ocupa una ínfimo lugar y es solo un reflejo de otra maduración, no solo individual sino familiar. Esa independencia real, del otro, de la mirada y aprobación de los padres, de poder separar las propias necesidades de las expectativas o deberes y obligaciones que no son propias y que muchas veces provienen de la familia o de la cultura en la que uno está inserto. Este acompañar sanamente o en la mayor medida posible, es una apuesta y desafío apasionante que tenemos como padres, es poner en valor y prioridad a la salud y la felicidad,  posibilitado a través o en gran medida por el hecho de conocernos a nosotros mismos, y de acompañar con más conciencia, amor y creatividad a nuestros hijos.

El amor sano, es aquel que permite crecer y madurar a todas las personas, independientemente del tipo de vínculo que posean.                

Anónimo.

Otro punto importante que se encadena con la anteriormente citada validación refiere otras de las funciones que tenemos como padres, es la de brindar amor, protección, y educación. En particular me referiré a la protección.

Protección Vs Desprotección:

¿Porque cuesta tanto decirle no a nuestros hijos?

Como cité en el párrafo anterior, el amor sano es el que nos permite crecer, madurar y para ello es indispensable entender que un amor sano, es un amor que pone límites, es un amor que enseña, protege, diferencia.

Hay muchos motivos por los cuales a los padres les cuesta decirle que no a sus hijos. Como anteriormente referí, suele resultar esclarecedor, tener una perspectiva trigeneracional en relación a las conductas y hábitos,  decir no, es una habilidad, y como tal es aprendida. Hay algunas constantes en los argumentos de los padres en su dificultad en decir que no y los expondré en orden de frecuencia de aparición, coincidentes con lo que expresa la Dra. en Psicología Vanesa Fernández López.

  • Temor a las consecuencias que imaginan por lo general negativa el decirles que no: Tener miedo a que los hijos se vayan de la casa, con amigos que consuman o roben, entonces prefiero decirles que sí y tenerlos en casa para controlarlos un poco más.

  • Excesiva complacencia: Buscan complacer a los demás, por lo que dicen que sí y dejan violar sus propios derechos u obligaciones,  creyendo  que eso es lo que se espera de ellos.

  • Facilidad para adaptarse a la presión social: Como en el punto anterior, acaban haciendo aquello que las otras personas desean. Por ello la ausencia de esta habilidad de decir que no, es especialmente peligrosa en los adolescentes como así también en los adultos.

  • Miedo al rechazo o a una evaluación negativa: Para ellos es importante que los demás les acepten y no les evalúen negativamente. Creen que si se muestran de acuerdo con todo lo que el otro les propone tendrán menos posibilidades de ser rechazados y, por el contrario, serán “más queridos”, y se les aceptará con más facilidad.

  • Falta de Asertividad: Hay mucha dificultad de expresar de manera adecuada aquello que piensan o sienten. Por ello aunque sientan que deben decir que no, no se atreven a hacerlo o cuando lo hacen no resultan convincentes.

  • Experiencia Negativas Previas: Es posible que en algún momento de su pasado, hayan intentado decir que no, o establecer sus límites, y les hayan respondido de una manera inadecuada o hayan sufrido consecuencias negativas importantes. Como consecuencia de ello pueden aprender a decir que sí  para evitar las repercusiones que podría tener su negativa.

  • Baja Autoestima: La Dra. López plantea claramente que algunas veces son la causa (“No valgo nada como para negarme”), o no merezco que me quieran. Muchas veces también es la consecuencia,  ya que las personas que no saben decir que no se sienten inferiores a los demás por no verse capaces de establecer límites respecto de ellos.

  • Es común observar en la Clínica de las Adicciones, como los padres también carecieron de límites en su crecimiento y maduración,  o tuvieron por lo menos alguna dificultad. Ciertamente, esta carencia de aprendizaje, suele transmitirse sin filtros a los hijos adolescentes de hoy, y una vez más, las pautas aprendidas que se transmiten de generación en generación, vividas o sentidas como natural e incuestionables suelen traer serios inconvenientes en una generación que posee realidades, contextos y valores muy diferentes a los de generaciones pasadas.

En relación a la función del subsistema paterno (los padres) es recurrente observar también:

Confusión en los roles: La famosa frase  “Soy amigo de mi hijo” no muestra más que una tremenda confusión de roles, y un funcionamiento horizontal. La función de los padres básicamente se refiere a la crianza, educación, afecto y protección. Por ello no puede ser una relación horizontal, los límites son necesarios  y es función de los padre establecerlos. Cuando  esto no sucede  aumenta la probabilidad de establecer interacciones no sanas o disfuncionales, no solo dentro de la familia sino luego también en la sociedad. “Una persona que no tiene establecido sus propios límites tampoco puede advertir los límites de los otros, no ser sensibles a ellos, por eso los invade”, también a la inversa, sino conoce los límites, tampoco puede ponerlos, decir que no. Hay diferentes tipos de límites siendo muy característicos en la temática de las adicciones:

Límites Flexibles. El sujeto puede establecer relaciones íntimas y funcionales.  Estos generan sentimientos de protección contra abusos físicos, emocionales e intelectuales. Aprehender esto, significa una meta fundamental a incorporarlas por parte no solo de la persona que tiene un problema de consumo, sino también por parte de la familia.

Límites Difusos. El sujeto puede ser víctima de abuso o ser abusivos. A los padres les cuesta decir que NO, sienten que ponen en riesgo el amor de sus hijos. Se trabaja en entender y  redefinir los límites como AMOR RESPONSABLE, un amor que expresa preocupación y protección. Entender esto posibilita el poder ponerlos sin sentirse culpables, y que no significa quererlos menos, sino todo lo contrario. Entender esto también facilita en la práctica, no sucumbir por parte de los padres a la tiranía manipulativa por parte de los hijos, plasmada en un sin número de amenazas, dentro de las cuales pueden resaltar, me voy de casa, sino me das lo que quiero, no me querés, sino me das plata de alguna forma la voy a conseguir, voy a romper todo, etc. etc. etc. El lector quizás conozca o reconozca algunas otras.

La dificultad en poner límites  produce por lo general conductas polarizadas de desprotección o sobreprotección que influyen profundamente en el crecimiento  y maduración emocional del individuo.

Límites inexistentes: Generan sentimiento de desprotección. Los límites se enseñan. Los niños de pequeños no poseen limites es por ello que son los padres quienes deben enseñarlos   y marcar la diferencia entre él y los otros entre lo que puede y no puede hacer instaurándose así la conciencia del NO.

Límites rígidos o muros impenetrables. Generan un sentimiento de sobreprotección en el cual el niño no descubre sus propios recursos para enfrentar los desafíos y crecer. Este sentimiento de acompañamiento y contención no permite desarrollar el sentimiento de seguridad para enfrentar los desafíos.

Ahora bien. ¿Qué función tienen los límites?

Los límites demarcan, dividen, protegen. Demarcan los subsistemas dentro de la familia, (subsistema paterno) y (subsistema fraterno) y contienen a nuestros hijos. Protegen, dando sentimiento de seguridad. Un adolescente sin límite, es un adolescente con una pseudo libertad, con sentimiento de desprotección, claro está que no siempre es consciente de ello. Los padres que no sostienen los límites transmiten un sentimiento de confusión e incoherencia.

Poniendo límites enseñamos a que ellos también puedan ponérselos y protegerse contra situaciones de riesgo como el consumo de drogas, abusos o situaciones de violencia.

Los límites posibilitan y ayudan a tolerar la frustración, desarrollar autonomía, como así también el responsabilizarse de sus actos, conocer la realidad y advertir de situaciones peligrosas, pero vuelvo a remarcar, dan la vivencia del sentimiento de protección.

Alianza paterno filiales: refiere a la alianza que se da entre uno de los padres con el hijo, en contra del otro progenitor, esto refleja entre otras cosas, confusión en los roles, límites entre los subsistemas y contradicciones en la puesta de los limites (el padre dice blanco y la madre dice negro, uno dice no salís el otro lo autoriza). Por eso cuando esto sucede, los límites son difusos o inexistentes, y posibilita que el hijo manipule, maneje la situación a antojo o capricho. Para que los hijos manipulen, tiene que haber un terreno que lo posibilite.

Para seguir desmenuzando y entendiendo esta dificultad en poner límites claros y sanos por parte de los padres es necesario abordar el  “fenómeno de la codependencia”

La Codependencia

Por definición la persona co dependiente es aquella que se centra siempre en los demás y no en sí misma. Manifiesta una excesiva e inapropiada preocupación por los demás. Como así también aquella que ha permitido que la conducta de otra persona le afecte de forma insana.

La codependencia en el rol de los padres: Esta puede verse claramente en una falta de identidad, donde a través de su rol de padre o madre, estos tratan de resolver o parchar sus propios conflictos o situaciones no resueltas. Ser padre es la única identidad que da sentido a sus vidas. Sienten que si dejan esa función corren el riesgo de no ser nada.

La lógica es: Si no soy padre o madre a quién sus hijos necesitan vitalmente, que soy, o quien soy o que hago….., esto implica inevitablemente entrar en Crisis, lo cual es evitado en la observación clínica de forma tenaz, incluso boicoteando la continuidad del tratamiento. Muy frecuentemente, muchos abandonos de tratamiento se originan en esta encrucijada, cuando los padres no están dispuestos a tolerar entrar en dichas cuestiones. Argumentando como por Ej.: “Acá venimos por él, él es el problema y quién consume”, suelen ser las excusas más corrientes.

 

Los padres llenan sus vacíos con sus hijos, sus propias frustraciones, lo que quisieron ser y no fueron, etc., etc. Consideran que no tienen otra función que cumplir, se APROPIAN de sus hijos depositando en ellos toda clase de expectativas negando así su individualidad, transformándolo de sujeto en objeto. De esta forma, empezamos a comprender la verdadera trama de una personalidad endeble, un yo que le cuesta diferenciar, discriminar. Le cuesta mucho poner en palabras sus vivencias, experiencias, darse cuenta lo que verdaderamente necesitan de lo que no.

La gran necesidad del co dependiente es ser necesitado, ser querido aunque esto lleve a un amor no sano o simplemente al egoísmo extremo.

Las madres transmiten a sus hijos una Figura de Mujer Abnegada, que sufren por ellos en pro de su bienestar, cuando por lo general el único objetivo es crear dependencia que garantice que los hijos nunca se van a alejar aunque crezcan.

 

Estilos de Padres Codependientes

Los estilos de padres co dependientes, están marcados según el tipo y la forma de funcionamiento  familiar de que se trate. Así por ejemplo encontramos:

Padres Dominantes: Los hijos de estos padres son extensiones de su ser, el objetivo es que logren lo que ellos no lograron. Deciden qué es lo mejor para sus hijos. Que deben estudiar, cual es la mejor ropa, de quién enamorarse. Sienten que siempre están en lo correcto y que en sus fueros más íntimos y en su corazón es lo mejor para sus hijos.

Resultado: Adultos Inseguros que repiten el modelo con sus hijos.

Padres Hipercríticos: Utilizan la crítica para controlar a sus hijos, juzgan y se focalizan en los errores. Promueven sentimiento de culpa y vergüenza, son perfeccionistas, independientemente de lo que hagan los hijos para su aprobación nunca es suficiente.

Resultado: Personas inseguras, perfeccionistas con gran necesidad de aprobación y sienten que nunca es suficiente lo que hagan.

Padres Sobre protectores. Necesitan manejar todos los aspectos de la vida de sus hijos. Perciben que los hijos no pueden manejarse solos. Controlan mediante la culpa. El mensaje es: Mira lo que hago por vos, vos solo no podés, me da miedo que te pase algo malo. No permiten que sus hijos maduren emocionalmente y sean adultos responsables de sí mismos.

Resultado: Personas inseguras con poca capacidad de iniciativa y toma de decisiones. Muy dependientes.

Padres Distantes: Físicamente presentes pero emocionalmente ausentes. No demuestran atención y afecto por los hijos. Se escapan en actividades como: Trabajo excesivo, clubes, tareas solidarias o religiosas.

Resultado: Los hijos crecen sintiendo que no son dignos de amor.

Padres Inefectivos: No pueden manejar sus propias vidas y se apoyan y sostienen en los hijos, quienes se transforman en sus amigos, con quienes se desahogan y comparten cosas de adultos transgrediendo el límite generacional e involucrándolos en problemas personales, conyugales, (triangulándolo) en conflictivas y delegándole en muchos casos la responsabilidad de resolver dichos problemas.

Resultado: Hijos que asumen el rol de “salvadores”

La codependencia aparenta ser amor, pero en el fondo es puro Egoísmo, Miedo y Control. Así parafraseando parte de la frase anónima citada anteriormente, puede entenderse más clara y profundamente que “El verdadero amor es aquel que promueve el mutuo crecimiento.”

Apego Vs Desapego.

Es natural sentir dolor o tristeza  en la vida,  podemos sentir preocupación, dolor, congoja, cuando un ser querido está mal o tuvo algún inconveniente, sentimos tristeza o dolor al perder un amigo, familiar,  objetos preciados o significativos.

Ahora ¿qué pasa cuándo entramos en el terreno del sufrimiento?

Es importante diferenciar el dolor del sufrimiento. Para el Budismo Zen el sufrimiento es parte de la vida, el plus es cuando entra en escena de la experiencia tres ingredientes principales que hace que se produzca un sufrimiento innecesario, un sufrimiento neurótico:

  • Apego (Que significa aferrarse a objetos o personas).

  • Aversión: (Que tiende a describir conductas de evitación). Hay un viejo concepto que refiere a que la Verdad puede ser incómoda, o generar conflictos, desacuerdos, propios de la vida. La mentira es una evitación de la verdad, que, como conducta evasiva o evitativa, tiende a no responsabilizarse, a no tomar una posición en la vida o simplemente a no entrar en conflicto alguno. Es una posición de anulación de sí mismo, la anulación del yo,  de callar, de tragar todo aquello que me es indigesto y no expresar mi verdadero parecer. Por lo tanto es importante remarcar que: La Verdad puede ser incómoda pero no  enferma. La mentira  sí enferma. Enfrentar esto familiarmente, es una tarea que implica suma honestidad, valor, decisión, y estar abiertos a nuevos aprendizajes, a nuevas formas de tolerar la frustración o de resolver problemas.

  • Ignorancia: (Significa con todas las letras, el “no aceptar las cosas como son”). Somos mucho más que nuestras expectativas, que nuestros juicios de valor. En el tema de las adicciones diversas, se observa acentuadamente, el tema de la mentira, el control y la manipulación, queremos que las cosas sean como las pienso o las hago,  juzgamos continuamente lo que está bien de lo que no lo está, lo correcto o lo incorrecto, hacemos constantemente un sin números de juicios.  Estos juicios o expectativas hacen que perdamos la paz y entremos en un conflicto interno o interpersonal que por lo general son actitudes contrarias a los procesos de salud.

Desapegarnos significa sintéticamente soltar, soltar costumbres, hábitos y creencias o personas que nos hacen mal, desapegarnos de todo lo que ya no nos sirve.  Solo podemos llenarnos con lo nuevo, cuando primero aprendimos a soltar lo viejo, refiere una vieja enseñanza proveniente del Budismo Zen.

 

Conclusiones finales.

Se ha considerado que en este fenómeno multi causal de las adicciones, intervienen factores externos, que atraviesan la temática , ejemplo de ello es el factor económico (la droga es el tercer negocio a nivel mundial luego de la venta de armas y la trata de blancas), otros factores pueden ser culturales, cambios sociales, la revolución tecnológica, nuevos modos de relacionarse y de enfrentar diversos temas como la sexualidad, el abuso de drogas y alcohol, como así también la forma de enfrentar esta etapa de la adolescencia. Si bien esto forma el telón de fondo del escenario, es necesario volver la mirada a los factores internos o familiares, como los desarrollados en este artículo.

Los adolescentes por muy variados y encadenados motivos, tienen muy pocos no. Como refiere y señala  muy claramente la Dra. Juana Presman: “Los chicos están pidiendo a gritos que les digamos que no. No lo piden con palabras, a veces lo hacen a través de conductas de riesgo y otros con sintomatología física. Los adolescentes no tienen la capacidad de verbalizar todo lo que les pasa, sobre todo en la adolescencia inicial y media, son tímidos reservados. El pedido de ayuda es indirecto.”

Desde mi experiencia es frecuente escuchar, “me hace sentir bien cuando me dicen que no, al principio me enojaba pero en el fondo me da seguridad”. De la misma forma el ser reconocido, valorado por quienes son, que sienten o cómo piensan, suele ser uno de los mejores indicadores de evolución, en el retorno del camino hacia la salud.

Claro está, que en este retorno, es necesario por parte de toda la familia crear un marco de referencia de clara honestidad y sinceridad, cualidades indispensables a la hora de sanar. La mentira es mucho más profunda que la generada para perpetuar el consumo de sustancias, es  el indicador de que hay algo de la realidad que no pueden o no saben enfrentar o descifrar. Tomar conciencia de que este tema de las adicciones es un problema de todos, y especialmente de toda la familia es algo que permite y da el puntapié a un verdadero proceso de sanación.

Esta encrucijada en donde se encuentra el adolescente y su familia en relación a las adicciones puede constituir un gran problema, pero también representa una gran oportunidad para sanar. Entender que el consumo problemático es un síntoma, un síntoma que hay que develar, entender, un síntoma que en la mayoría de las veces, viene como un polizonte escondido en este largo viaje que lleva como mínimo tres generaciones. Este viaje que se perpetúa a través de hábitos, costumbres y aprendizajes que funcionan a modo de piloto automático. La dependencia a sustancias,  o de otro tipo, como el trabajo, a internet, a las personas, a la comida, mencionadas anteriormente, suelen ser el reflejo muchas veces de la dependencia hacia los vínculos primarios, a formas de comunicarnos y relacionarnos. Tomar conciencia de esto, puede constituir el principio de la recuperación individual y/o familiar. Para volver a ese tan ansiado camino de la salud, es necesario que los padres e hijos tengan una profunda y honesta autocrítica, solo con ella tendrán la posibilidad de salir del pantano en que muchas veces se encuentran atascados. Reconocer y aprender que poner o ponerse límites es un acto de amor, y que valorar la individualidad de nuestros hijos como diferente a la nuestra, los hace más fuertes, más seguros de sí mismos, no solo para enfrentar la vida y  resolver los problemas que ella trae, sino también y por sobre todo, para el encuentro con ellos mismos, para  el registro y el darse cuenta de sus emociones, para saber expresarlas y canalizarlas asertivamente, para saber que quieren y hacia dónde van. En definitiva, redescubrir  o esclarecer el verdadero sentido  de su existencia, esa búsqueda que todos, en el mejor de los casos estamos,  ese sentido que puede eclipsar cualquier sentimiento de pseudo felicidad y placer que provocan las drogas, ese sentido que nos permita conectarnos con ese verdadero flujo de energía vital, que muchos describen como vibrante, lleno de vida e inagotable, esa experiencia que nos indica que vamos en el camino correcto.

Desapegarnos de todas las costumbres que vienen de tan de lejos, no es una tarea fácil, requiere de una toma de conciencia, decisión y perseverancia y madurez progresiva. Actitudes que se aprenden si uno está abierto a recibir ayuda, si uno está dispuesto a vivir lo que inevitablemente va a suceder en el mejor de los casos, es ese apasionante camino del crecimiento, es ese único e irrepetible camino al ser. Esa madurez  que puede aprenderse y que se define como el paso del apoyo externo, al auto apoyo, esa independencia  emocional, que reconoce el padre nuestro de la terapia gestáltica y que constituye un verdadero factor de protección y prevención de la salud:

Yo soy yo, y vos sos vos.

Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas,

y tú no estás en este mundo para cumplir las mías,

si nos encontramos muy bien, y si no, no hay nada que hacer.

Yo soy yo y vos sos vos.

 

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